martes, 17 de enero de 2012

Películas USA (I)

Ignoro si el lector se habrá percatado alguna vez de una curiosa situación que se repite cienes y cienes de veces (que diría Joaquín Sabina) en las películas americanas, y cuya explicación, sinceramente, escapa a mi entendimiento.

La cosa es la siguiente: chico se hace una herida y, automáticamente, como por arte de magia, va a la casa de chica a quien apenas conoce o directamente no conoce, donde es curado por la anfitriona, lo cual en el noventa por ciento de las ocasiones desemboca en que herido y curandera acaban juntos entre las sábanas. No sé, a lo mejor es una costumbre americana. Por aquí la gente se cura las heridas en el hospital o en su propia casa... que yo sepa, vamos. Y si se trata de una excusa del guión para liar a dos, creo que puede haber situaciones más realistas... ¿o no? En fin, cosas de Jolivú.

lunes, 16 de enero de 2012

Floñarse o Días de chándal (Parte II)

La comida tiene que ser lo suficientemente opípara como para que después de media horita (tras la correspondiente visita inconfesable a cierta habitación de la casa) nos entre ese sopor que resulta tan agradable cuando existe la posibilidad de paliarlo con una buena siesta. De lo contrario, una película del oeste o de Antena 3 y una mantita pueden servir de sustitutivo para inducir al sueño.

El resto de la tarde, puede transcurrir tranquilamente entre la cama, el sofá, el televisor, un libro y nuestras propias divagaciones. Después de un día de chándal como el descrito es muy importante volver gradualmente a la normalidad, por lo que es recomendable acabar con una cena ligera y una reparadora ducha de agua caliente en la que saquemos aquellas conclusiones higiénicas mentales que nos ayuden a sobrevivir hasta la próxima jornada de floñe. Ya en la cama, podemos volver a pensar en el ajetreo de la vida real.

Para terminar, dos recomendaciones para los días de chándal. En primer lugar, suprimir las relaciones sociales: no coger llamadas, no escribir correos... en una palabra, aislarnos. No sólo porque ese día no estamos nada presentables, sino porque hacer esto de vez en cuando es fundamental para que la terapia de floñarse surta su efecto reconstituyente. En segundo y no menos importante lugar, es definitivo elegir el chándal adecuado: la experiencia me demuestra que esos de nylon que son como resbaladizos (sí, los típicos de yonki) no aportan ni de lejos la misma sensación de calor y placidez que proporciona el entrañable chándal de lana.

domingo, 15 de enero de 2012

Floñarse o Días de chándal (Parte I)

El ser humano está creado para alcanzar las más altas cotas. Sin embargo, no es ser humano quien no tiene su día de chándal de vez en cuando. Y es que, con el ajetreo continuo al que nos somete la compleja vida moderna, es necesario -yo diría que una vez al mes es la medida perfecta- dedicar alguna jornada a lo que se podría llamar "floñarse", especialmente en los fríos días de invierno.

La cosa sería más o menos así: despertarse cuando Dios quiera, no levantarse hasta que por el olfato o los ruidos intuyamos que el desayuno ya está servido, atacar la mesa servida sin prisa pero sin pausa (no hay que tener miedo a tomarse diez tostadas de aceite, pero siempre de dos en dos), leer todos y cada uno de los artículos de la prensa. Llegados a este punto se introducen diversas variables: si es domingo habrá que pegarse una ducha de una hora en la que nos aprendamos de memoria lo que dicen los botes de champú y de gel (no vale salir sin los dedos arrugados) para poder asistir a Misa de dos como buenos cristianos; si no es domingo, podemos omitir la ducha por el momento y dirigirnos, ya con el chándal puesto, al sofá, donde un partido de la Premier o de segunda división B siempre son bien recibidos (las mujeres pueden aprovechar este momento para abrir el Hola o similares). Así ya hasta la hora en que el cuerpo nos pida comer.

Continuará...

sábado, 14 de enero de 2012

El misterio del escupitajo senil

Tras un largo periodo de ausencia, quizá motivado por la profunda depresión sufrida a causa de la última Champions conquistada por el F.C. Barcelona, tal y como atestigua precisamente mi último escrito, me dispongo a resurgir de mis cenizas y dar un nuevo impulso a los clásicos en este 2012 que ha dado comienzo.

Y qué mejor manera de hacerlo que recordando una legendaria costumbre de las abuelas anónimas con las que a diario nos cruzamos por la calle, cual es la de escupir cuando localizan un excremento canino en la orilla de la acera por la que circulan a la velocidad que los achaques sufridos les permiten.

Es todo un clásico del que apenas nos percatamos, quizá porque lo consideramos parte del paisaje al que se han acostumbrado nuestros ojos desde que somos pequeños. Lo mismo nos llama la atención ver a un niño corriendo por la calle que a una abuela lanzando su escupitajo... es algo normal. Sin embargo, esto segundo no deja de ser curioso. Las causas de esta reacción son un misterio en el que prefiero no ahondar (por no remover la mierda, más que nada).

jueves, 2 de junio de 2011

Canaletas

Ahora que empieza a ser frecuente ver al F.C. Barcelona ganar títulos está emergiendo un nuevo clásico: el de los heridos y detenidos en Canaletas.

Si yo viviera en la Ciudad Condal y tuviera un hijo que, a mi pesar y fruto de su rebeldía adolescente, fuera blaugrana, lo encerraría en una habitación con siete cerrojos cada vez que el "Pep Team" ganase un título, no fuera a ser que tuviera que ir luego a recogerlo al hospital o al calabozo. Y es que resulta lamentable que, junto a la noticia de toda victoria culé, vaya inseparablemente unida la del número de heridos y detenidos en la celebración de Canaletas. No responsabilizo al F.C. Barcelona por ello, pero sí a sus aficionados. Hay que aprender a saber ganar con un poco de señorío, por favor...

Ells

Os dejo un poema de Miguel D´Ors:


Ells


Crecieron como porcelanas de Limoges

entre las sensitivas hortensias de sus villas.

Ubérrimas nodrizas, confortable

calor de plusvalías.

En sus pubs de marfil, años más tarde,

con el whisky feudal y la amiga De Luxe,

lucharon por el pueblo machacado.

(Leídos y escribidos, comprendían

que "La Internacional" suena más lindo

a bordo de un Ferrari).

De su pequeño reino afortunado

les quedó lo esencial:

la firme vocación de hijos de puta.


miércoles, 18 de mayo de 2011

Lolek


Muchas felicidades Lolek, clásico entre los clásicos.