martes, 29 de marzo de 2011

De los ascensores

De la corta historia de los ascensores han surgido clásicos a patadas: el de hablar del tiempo con los vecinos, no saber dónde mirar, hacer el canelo en el espejo cuando vas solo, aprovechar el espejo para mirar a la vecina sin que resulte incómodo, el perro que casualmente "tranquilo, no muerde", el vecino que te deja el recado, etc.

Sin embargo, de todos los clásicos de los ascensores el que más me inquieta es por qué aceleran el proceso de la vejiga: es ponerse a esperar al ascensor y lo que hasta unos segundos antes era un tímido aviso, se convierte en unas irreprimibles ganas de... mear. Además, según vas subiendo las ganas aumentan, aunque parezca imposible, todavía más. Menos mal que no frecuento los rascacielos...

lunes, 28 de febrero de 2011

Excusas

Es inherente al ser humano alzar la excusa cuando llega tarde a una cita. Está la velada (por razones que no vienen al caso), la grave (por razones de fuerza mayor), la amnésica (se me había olvidado), la circulatoria (el manidísimo y siempre falso atasco), la familiar (el niño se ha puesto malo), y así un largo etcétera. Todo con tal de no ser sincero y pedir perdón. Por eso cada día admiro más la respuesta que le oí a un tío mío un día que llegó tardísimo a una conferencia que debía impartir y a la que yo asistí: "Lo siento mucho. No tengo excusa: me estaba echando la siesta y me ha apetecido quedarme un ratito más". Hubo descojone en el auditorio y la falta quedó olvidada entre las risas. Qué grande.

martes, 1 de febrero de 2011

El sol de enero


Ahora que acaba de terminar enero, hablemos de uno de sus mayores encantos, que no es otro que... el sol. Sí. Si nos fijamos bien, el sol no es patrimonio exclusivo del verano ni de la primavera. Enero se hace bastante llevadero gracias a ese sol que aparece al mediodía y que es un reflejo de la esperanza: en medio del frío, salimos de la sombra de un edificio, doblamos una calle, se mueve una nube y... ahí está, el sol de enero, lejano pero suficientemente intenso, que nos da ese reconfortante golpecito de calor en el estómago, que nos deslumbra los ojos de miedo que deja el frío, que nos saca una sonrisa de esas que no suenan... y entonces adquirimos la certeza de que llegará el verano, de que llegará el final de la cuesta de enero o, al menos, de que llegaremos al final del día.

El placer de fumar

Ahora que no está de moda, ahora que pisotean nuestra libertad, ahora que hay un talibán al frente de la Asociación Médica Colegial que propuso públicamente sin crítica alguna de nuestra rara sociedad que fumar con los hijos en el coche debiera considerarse maltrato, ahora que tenemos que alejarnos cien metros para fumar, ahora que las menores pueden abortar pero no comprar tabaco, ahora que un Marlboro cuesta casi lo mismo que un menú del Burger, ahora, en definitiva, que hay tanta hipócrita sensibilidad, es el momento, amigos fumadores, de recordar, ¡de disfrutar!, en cada cigarro el placer de fumar, y no abandonar. Y si lo dejas, que no sea por ninguno de los motivos antedichos, sino porque te da la, con perdón, jodida gana.

Cantar solo

Hay que cantar solo de vez en cuando para mantener la cordura: si es posible, desafinando y a gritos como un loco. Especialmente en los momentos de mayor tensión. En el coche, en la ducha, en una calle aislada: cada cual que escoja su espacio, pero que no deje de vivir una de las mejores experiencias de desfogue que nos brinda la vida. Y si alguien te pilla en esos momentos de necesaria intimidad explosiva... ríete, sin miedo a la locura, sin miedo al ridículo. Y que te quiten lo cantao.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Mi brindis

Alzo mi copa en estas últimas horas del año con muchos deseos en el corazón. Por mis familiares, los que están lejos y los que están cerca, física o anímicamente. Por mis amigos, esa pequeña familia que nosotros escogemos. Por la mejora de la situación económica de tantas personas que lo han pasado mal este año. Por España, para que siga siendo una tierra con auténticos valores. Por la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Por los lectores de este humilde rincón de internet, por supuesto. Pero, sobre todo, por encima de cualquier otra cosa, brindo porque en 2011 todos seamos un poco mejores personas. Feliz año nuevo!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Dulce Navidad

De un tiempo a esta parte, cada vez oigo a más gente decir que detesta la Navidad. Pero yo creo que la Navidad es dulce, al contrario de lo que piensan los amargados: ¿o es que hay alguna otra fecha en la que cantemos con la familia, en la que todo esté especialmente decorado, en la que veamos a las personas queridas que nunca vemos, en la que haya tantos detalles especiales por parte de tanta gente, en la que comamos tan bien en casa, en la que, en fin, todo sea tan -con perdón- jodidamente entrañable? La Navidad sólo produce tristeza a los que ya eran tristes antes de ella o a los que desgraciadamente no alcanzan a comprender su verdadero significado. Al resto de los humanos nos hace querer ser mejores personas. Christmas, sweet Christmas.