Nada como estos días de vacaciones para recordar un clásico de los viajes: llevarse un libro o unos apuntes con el firme propósito de leer o estudiar. Los primeros días lo dejamos a un lado porque "hay que descansar". Pero a mitad de viaje nos entra una especie de cargo de conciencia que nos lleva a no separarnos del libro o los apuntes. Entonces lo llevamos bajo el brazo a los sitios más inesperados (lo de llevárselo a la playa para llenarlo de arena y no pasar de la primera página es de los más frecuentes), por si hay un hueco para dedicarle. Pero ese hueco, y lo sabemos, nunca existe. Al menos nos engañamos teniéndolo cerca en todo momento. Y al final, ocurre lo de siempre: el domingo por la tarde, a la vuelta, estudiamos el examen o acabamos el trabajo como podemos... y si lo único que queríamos era leer, ese libro nos acompañará en el próximo viaje para acabar corriendo la misma suerte que en el anterior... Y es que sólo existe un remedio, y aún así no siempre funciona: planificación.miércoles, 31 de marzo de 2010
El libro y el viaje
Nada como estos días de vacaciones para recordar un clásico de los viajes: llevarse un libro o unos apuntes con el firme propósito de leer o estudiar. Los primeros días lo dejamos a un lado porque "hay que descansar". Pero a mitad de viaje nos entra una especie de cargo de conciencia que nos lleva a no separarnos del libro o los apuntes. Entonces lo llevamos bajo el brazo a los sitios más inesperados (lo de llevárselo a la playa para llenarlo de arena y no pasar de la primera página es de los más frecuentes), por si hay un hueco para dedicarle. Pero ese hueco, y lo sabemos, nunca existe. Al menos nos engañamos teniéndolo cerca en todo momento. Y al final, ocurre lo de siempre: el domingo por la tarde, a la vuelta, estudiamos el examen o acabamos el trabajo como podemos... y si lo único que queríamos era leer, ese libro nos acompañará en el próximo viaje para acabar corriendo la misma suerte que en el anterior... Y es que sólo existe un remedio, y aún así no siempre funciona: planificación.La marcheta valenciana
Vengo de pasar unos días en mi querida Valencia, y allí he podido volver a sufrir la famosa marcheta valenciana: camareros que no te atienden, que te traen lo que pides cuando ya te tienes que ir, señoras que te cuentan su vida cuando sólo les has preguntado qué hora es, el "tot menos apurarse"... en fin, la calma propia del Mediterráneo. Por algo existe la expresión "tener horchata en las venas".sábado, 27 de marzo de 2010
Una de romanos

Con la Semana Santa viene uno de los grandes clásicos en nuestra parrilla televisiva: las pelis de romanos. Ben-Hur ya la han echado hoy en Telemadrid, y probablemente se repita en alguna otra cadena en los próximos días. Luego también están las propias del tiempo litúrgico, así que podemos estar tranquilos: Los Diez Mandamientos caerá seguro (y con ella la siesta), y también La Pasión, que por lo menos ha modernizado un poco el cine propio de estos días.
jueves, 18 de marzo de 2010
Mitos del pádel

Además del ya famoso clásico consistente en que todo el mundo tiene un primo que ha sido campeón de España de pádel y de la eterna duda de si se escribe pádel o paddle, hoy he recordado los clásicos gestos que casi todos empleamos como excusa cuando fallamos una bola. ¿O es que no hemos echado todos alguna vez la culpa al bote demasiado alto o demasiado bajo? ¿Y qué hay de las bolas demasiado nuevas o demasiado viejas? Por supuesto, siempre podemos emplear el mítico tirón en el brazo o en la pierna... o en ambos a la vez, por qué no. Y si no nos sale con naturalidad ninguno de estos gestos, podemos bajar la cabeza y subirnos los calcetines o echar la culpa a nuestro compañero. Lo que sea con tal de no entonar el 'mea culpa'...
Entre dos aguas
Y ya que estamos con música, un clasicazo de don Paco de Lucía; un clasicazo como pocos:
domingo, 14 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
El mosquito black&decker
De vez en cuando a uno le toca pasar noches en blanco. No me refiero a las noches gloriosas que últimamente estamos viviendo los aficionados madridistas, sino a esa maldición que de vez en cuando te acecha cuando no puedes dormir de ninguna manera. Pero no quiero hablar del insomnio que crean las preocupaciones o la conciencia intranquila. Todo lo contrario: quiero hablar de esas noches en que todo va bien, e incluso notas esa inefable sensación de apreciar cómo te estás durmiendo... hasta que de repente un jodido mosquito se te pone junto al oído sacándote de tu plácido estado semi-inconsciente con su insoportable y estridente ¡¡¡bsssss!!!. Desde ese momento sabemos que estamos condenados a pasar la noche en blanco, lo cual se debe a la mezcla de varios sentimientos: el susto recibido, esa especie de miedo a un nuevo ataque en el momento justo de dormirse (jamás entenderé cómo el mosquito black&decker averigua ese instante preciso) y la profunda mala leche que nos provoca ese temor a un nuevo taladro inesperado.Entonces, desesperado, a uno sólo le queda preguntar con Groucho Marx: noches blancas, ¿por qué sois tan oscuras?... o bien dar por perdida la batalla y ponerse a escribir este artículo a las tres de la mañana.
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