miércoles, 11 de enero de 2017

La incultura del titular indiscutible

No, no me refiero al intelecto en barbecho de Lionel Messi o Cristiano Ronaldo.

Hablo de ese cáncer que se ha introducido en las sociedades en las que Internet forma parte de la vida diaria de las personas, y que se caracteriza por la prevalencia de los titulares sobre las noticias, del continente sobre el contenido, del morbo -cuando no la insidia o la mentira- sobre la verdad. Y por la condena al ostracismo a quien osa enfrentarse a esta actitud banal y se atreve a pensar por sí mismo o le da por escribir más de cinco líneas sobre algo.

Cuando basamos nuestro conocimiento en la asunción acrítica de las frases redondas que caben en un tweet, cuando juzgamos a las personas o los conflictos por los morbosos y cambiantes titulares de los periódicos online, cuando formamos nuestra visión del mundo con las imágenes interesadamente recortadas que acompañan a las noticias de los telediarios o tertulias, estamos no sólo siendo unos profundos ignorantes, sino renunciando a nuestra libertad, individualmente y como sociedad. Pues la verdad va más allá de todo eso, y su descubrimiento exige una actitud personal de aprendizaje, de disección interna de la amalgama de información diaria que nos invade. Exige leer, escuchar y pensar. Sólo así seremos libres, pues, cuanto mejor sabemos, mejor podemos elegir.

Vayamos más allá de las frases de sobrecillo de azúcar. Pensemos por nosotros mismos y, sólo después, hablemos. Diciendo la verdad. Empezando por la mayoría de los periodistas, joder, que vendéis opinión como si fuera información; tanto que, cuando de verdad intentáis dar ésta, la dais mal, quizá por falta de costumbre.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Navidad pagana

Paradójicamente, la manera en que discurren las fiestas navideñas en la sociedad occidental se ha convertido en una metáfora casi perfecta de las circunstancias en que se produjo el acontecimiento que les da origen, el nacimiento de Jesús en Belén. 

Entonces, María y José no encontraron lugar en ninguna posada, ni acogida en ninguna casa, viéndose obligada aquélla a dar a luz en un establo, sin más compañía humana que la de su esposo. Sólo unos pocos pastores, la gente más humilde, fueron a visitarlos. Y los magos de Oriente, guiados por la estrella. Mientras los ojos del mundo miraban a sus propios asuntos, a su comodidad, pasaba desapercibido el acontecimiento más importante, para el que tanto había esperado el pueblo judío, en el que cifrababn su felicidad, y cuyos signos eran claros a la luz de las profecías.

Hoy, como entonces, la historia se repite. Y así, entre la vorágine compradora para satisfacer nuestro hedonismo, entre las felicitaciones con pinos, bolas de nieve, renos, calcetines y papánoeles (para no herir susceptibilidades, manida expresión empleada por las empresas al dar pautas a sus marketineros para la confección de sus tarjetas y mails de Navidad para enviar a los clientes), entre el calorcito de los radiadores de los hogares, entre guirnaldas, bolas brillantes y cotillones, se vuelve a olvidar lo importante. Se vuelve a dejar en el establo a Jesús, María y José.

A ver si por lo menos la estrella, único vestigio del nacimiento de Jesús que ha logrado colarse dentro de la gama de símbolos sensiblones en que hemos convertido la Navidad, nos conduce como a los magos de Oriente hasta el portal de Belén. O la sencillez de los pastores; eso ya sería a la leche. Que ya sólo nos falta cantar villancicos sobre el solsticio de invierno, joder.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Juanxo

Juanxo toma horchata con fartons en Alboraia de tarde en tarde y se descojona por cualquier chorrada. Lee, piensa, aprende y transmite con esa mezcla de profundidad y liviandad que sólo conceden el sentido común y del humor. Asiste con su barbour a procesiones y demás festejos populares y se inventa historias sobre los edificios cuando hace de guía turístico para familiares y amigos. Se pone niquis de colores. Pasea como plan. Estudia el idioma valenciano. O dialecto. O catalán. Me la pela. Creo que a él también, aunque nunca lo hemos hablado.
 
Juanxo se deja barba, se la afeita y se la vuelve a dejar con el mismo desinterés por la cuestión. Juega al fútbol muy bien, con endiablada velocidad. Viene de vez en cuando a Madrid. Sigue cenando en el Vips o en el Ginos de Velázquez. Conoce las distintas categorías de personajes, cuyas diferencias a veces son tan sutiles: véase, el hortera del macarra. Nunca lo he visto fumar. Ah, y es madridista.
 
Todos deberíamos ser un poco más Juanxo.

viernes, 26 de febrero de 2016

Alma, calma

Esta mañana he ido con absoluta tranquilidad al trabajo, y sólo he tardado 4 minutos más. Qui potest capere capiat.

viernes, 10 de octubre de 2014

Excálibur, Chávez y la pérdida del sentido común

Con palabras poco ortodoxas me decía esta mañana un amigo periodista con gran porvenir y experto analista de la realidad más candente, que se encuentra preocupado por la pérdida del sentido común que delata la sociedad española, especialmente su juventud. 

Me comentaba alarmado que, al abrir la prensa española desde Argentina -donde está realizando una magnífica labor de investigación de la cultura y costumbres francesas, por extraño que parezca- no se explicaba el revuelo causado en torno a la decisión de sacrificar al perro de la primera persona infectada de ébola fuera de las fronteras africanas (si consideramos que España no es África). El ya famoso y difunto Excálibur.

De segundo plato, me hablaba de dos jóvenes españolas con las que ha coincidido allí que le han defendido sin pestañear el régimen instaurado por Hugo Chávez en Venezuela, que vendría a ser la perfecta conjugación de lo económico y lo social, además de un paradigma en la defensa de los derechos humanos, al haber dado refugio a los pobres etarras perseguidos por España por motivos políticos.

Ahora es cuando iba a iniciar una contundente réplica al régimen del comandante del coletas y a los bonachones defensores de dar paseos a Excálibur por el Parque del Retiro, pero es que... joder, cómo está el patio. No tengo ganas ni de rebatir semejantes gilipolleces.


lunes, 14 de abril de 2014

Madrid´s Tumbleweed

Hay algunos días de vacaciones en que Madrid, de repente, se vuelve un pueblo fantasma. Una ciudad de películas del oeste, de esas en las que aparece una solitaria bola de no sé sabe qué rodando por el suelo (por lo visto en Estados Unidos la llaman tumbleweed). No es sólo la menor cantidad de gente por sus calles lo que transforma la capital de España estos días. Hay algo más. Parece como si el aire también se parara. Me atrevería a decir que se para hasta el funcionamiento del cerebro, en un suerte de primaveral hibernación. Si las guerras son como me imagino, diría que la sensación que producen estos días en los que nos quedamos custodiando la ciudad, es la del solitario espectador del campo que atardece tranquilo después de haber acogido una intensa mañana de batalla, recogidos ya los cadáveres y trasladados los supervivientes a sus campamentos. Se intuye que algo grande e intenso ha ocurrido allí, casi puede oírse en el viento el eco de los gritos pasados y olerse el rancio olor de la entrega de los hombres. Y entonces queda en el alma un poso de sosegada amargura y desazón, sólo alterado por la recóndita intuición y esperanza de que mañana volverá la lucha al campo de batalla. Un aburrimiento bestial, en definitiva.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Paco de Lucía

Paco de Lucía ha muerto, pero seguirá donde siempre, entre dos aguas, sólo que ahora un poco más en las de allá. Descanse en paz quien no necesitó ni una sola palabra para transmitir tanto.