
Diría, aunque no es cierto, que es incontable el número de personas a las que tengo que agradecer su seguimiento, su apoyo y su inspiración en la marcha de este blog. Aún sin ser cierto, lo diré, porque no quiero dejarme a nadie en el tintero de los agradecimientos y porque así parece que mi blog lo leen multitudes. Lo que sí es cierto es que a lo largo de este año, me han dejado al menos un comentario desde cada continente, y en idiomas como el italiano o el inglés. Gracias, por tanto, a todos (y a todas, no se me vaya a enfadar el sindicato feminista). Gracias de verdad, aunque no mentiré: aunque ninguno de vosotros me hubiera leído yo habría seguido escribiendo, porque creo en lo que hago, porque me divierte y, además, porque esto de escribir es una especie de enfermedad crónica incurable que siempre va a más. El único agradecimiento explícito que haré será a mi gran amigo y mano derecha en este blog, desde el cual ha publicado con bastante éxito algunos artículos: Íñigo Belabarce.
¿Qué más decir? Pues que mañana mismo seguiré dándoos el coñazo con más clásicos... Espero que los disfrutéis.